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Disfrutando del cumpleaños de mi joven yerno

Fuimos a casa de mi hija y mi yerno a celebrar el cumpleaños de Alberto. Mi yerno tiene 29 años y lleva casado con mi hija cuatro años. La bebida y las risas hicieron que aquella tarde-noche me entregara entre los brazos de mi apuesto yerno.

Fuimos a casa de mi hija y mi yerno a celebrar el cumpleaños de Alberto. Mi yerno tiene 29 años y lleva casado con mi hija cuatro años. La bebida y las risas hicieron que aquella tarde-noche me entregara entre los brazos de mi apuesto yerno.

Habíamos quedado aquella tarde de sábado con mi hija y mi yerno para celebrar el aniversario de mi yerno el cual cumplía 29 años. Mi hija me dijo que nos esperaba a media tarde pues pensaba preparar unos aperitivos y después una cena ligera antes de salir por ahí a tomar algo o bien nos quedaríamos en casa según las ganas que tuviesemos de ir a bailar. Estuve dos días recorriendo tiendas buscando el regalo adecuado para Alberto. Es un chico deportista que le gusta mantenerse en forma yendo al gimnasio o dándose largas sesiones de bicicleta. Hacía tres años que se había comprado una bicicleta de montaña y aprovechaba los fines de semana para hacer kilómetros y kilómetros por los caminos adyacentes a la urbanización en la que vivían.

Me presentaré para que me conozcais mejor. Me llamo Carlota y tengo 47 años. Tengo el pelo rubio el cual lo suelo recoger en un moño ya que el cabello suelto me molesta y prefiero llevarlo recogido. Mi esposo y mi hija me decían que me lo dejase suelto ya que me haría parecer más joven. Sin embargo, prefería hacer caso a mi comodidad y me lo recogía dejándolo suelto en raras ocasiones. Mido 1.64 de altura y tengo los senos de un tamaño respetable pues uso una talla 100 de sujetador. Los labios son un tanto carnosos y me gusta hacerlos destacar con pintalabios de tono intensamente rojizo. Igualmente las largas uñas de mis manos me gusta llevarlas siempre bien cuidadas. Peso sobre 53 kg y poseo unos muslos que encantan a mi marido y que a más de un conocido le hacen perder el sentido. Por último las nalgas son robustas y una de las partes de mi cuerpo que más enloquecen a mi esposo el cual no pierde la oportunidad de sobármelas a la menor ocasión que se le presenta.

Aquella mañana de sábado estuve en la peluquería recortándome las puntas de mi larga melena y tiñéndomelo de un tono más rubio del habitual. Después de comer estuve al menos una hora escogiendo el modelo de aquella noche para ir bien guapa al cumpleaños de Alberto. Estuve buscando y rebuscando en el armario y probándome diversos conjuntos hasta decidirme por un provocativo vestido corto de color granate con un escote sugerente que mostraba el canalillo de mis abundantes senos además de remarcar mis poderosos muslos. Las piernas las cubrí con medias de color negro y como calzado escogí unas altas botas de caña de alto tacón y de color negro. Me maquillé de forma suave, perfilé los ojos en negro, haciéndolos muy atractivos y mojé el cuello con dos gotas del último perfume que me había regalado mi esposo. Finalmente cogí el abrigo negro de piel que había comprado hacia unos días pues aquella tarde hacía más frío del habitual.

Cogimos el coche y nos presentamos en el chalé de mi hija en apenas media hora. Ana y Alberto nos recibieron en el jardín y mi yerno al besarme me dijo suavemente al oído, que estaba muy guapa con aquel conjunto que llevaba, aprovechando que mi hija y mi esposo habían entrado a casa mientras conversaban animadamente.

Alberto era un muchacho alto y fuerte debido al ejercicio físico que hacía. Medía sobre 1.83 y era delgado pero de complexión fuerte. Era moreno y tenía el cabello corto y las sienes con alguna que otra cana lo cual le hacía algo mayor pero realmente interesante para las mujeres. Desde que se casó con mi hija jamás se me había pasado por la cabeza tener algo con él hasta una noche en que Alberto nos pilló a mi esposo y a mí follando en el dormitorio de casa.

Serían sobre las dos de la mañana y me desperté al notar que mi marido se apretaba contra mi trasero mientras me agarraba los senos con sus dedos. Al parecer estaba cachondo y la verdad es que me apeteció lo que me hacía. Empezó a manosearme los pechos jugando con mis ardientes pezones los cuales se pusieron duros al instante. Una de las zonas más calientes de mi cuerpo son mis pezones los cuales si mi marido los excita convenientemente, lo cual es algo que hace muy a menudo, consigue hacerme correr como loca con dicha caricia.

Así Miguel, sigue acariciándolos. Sabes que eso me vuelve loca. Así muy bien cariño, no pares. Así que tienes ganas de guerra, ehhhhh???

Noté algo duro apretándose contra mis nalgas; sabía de qué se trataba. La polla de mi esposo se estaba poniendo dura con el roce sobre mi culo. Miguel introdujo una de sus manos por debajo de la sábana y busco por debajo de mi camisón mi candente coñito que ya empezaba a lubricarse gracias a las caricias que mi esposo me prodigaba. Lo acarició con suavidad arrancándome los primeros gemidos de mis labios. Apartó la sábana hacia los pies y se situó entre mis piernas dándome pequeños mordiscos en los muslos mientras iba subiendo por ellos para ir aproximándose de forma peligrosa hacia mi entrepierna. Abrió su boca dejando deslizar por ella su húmeda lengua la cual empezó a juguetear con mi coñito depilado el cual la recibió con un suspiro de placer. Las lamidas que mi esposo me prodigaba en mi vagina me hacían gozar sin remedio pidiéndole que siguiese más y más sin darme un segundo de respiro.

Comételo cariño, ahhhhhhhhhhh. Me encanta lo que me hace tu lengua. Me vuelves loca. No pares que me harás correr muy pronto. Me encanta cómo me lo haces. Ummmmmmmm. Qué placer.

Mientras Miguel me chupaba mi húmeda vagina, al propio tiempo acariciaba con sus manos mis pechos ofreciéndoles un masaje enloquecedor. Los pezones se me erizaron al igual que el cabello con el sobeteo que me dio. Miguel me conocía muy bien y sabía qué puntos de mi cuerpo debía tocar para hacerme ver las estrellas. Agarré su cabeza estando a punto de perder el sentido y le apreté entre mis piernas sin dejarle respirar lanzando un grito al correrme entre los labios de mi esposo.

Me corroooooooo. Qué maravilla, me encanta cómo me lo comes. Tienes una lengua estupenda que logra hacerme vibrar hasta el límite. No lo aguanto más. Ahhhhhhggggggggggggg.

Tras aquel fantástico orgasmo fui yo quien se colocó entre las piernas de mi esposo el cual me apuntaba desafiándome con su potente instrumento.

Ahora me toca a mí hacerte sufrir. Voy a tomarme la revancha de lo que me has hecho. Voy a sacartelo todo hasta la última gota. Prepárate a gozar mi amor.

Abrí la boca de forma golosa y engullí aquel ariete grueso y palpitante iniciando una lenta mamada. Acaricié aquel regalo que me ofrecían con auténtico deleite lamiéndolo desde la amoratada cabeza hasta la base entreteniendome con aquellos colgantes llenos del líquido con el que en pocos minutos me iba a recompensar mis atenciones. Mi esposo me acariciaba el cabello ayudándome con la felación que le estaba haciendo.

Chúpala mi vida, lo haces muy bien. Pónla bien dura para que te la meta hasta el fondo.

Sí amor, me encanta tu polla. Es gruesa y larga como me gusta. Mi caliente coñito está deseando que lo llenes con toda tu verga.

Escupí sobre ella para ensalivarla por completo dejándola bien mojada y dispuesta para entrar en mi interior. Tumbé a mi esposo boca arriba con aquel aparato apuntando hacia arriba retándome en todo momento con aquella cabeza de color oscuro. Agarré aquel tesoro con mi mano y lo dirigí hacia la entrada de mi vulva sentándome sobre él con suavidad con el fin de saborearlo al máximo. Noté cómo me traspasaba poco a poco dándome centímetro a centímetro todo aquel pequeño monstruo hasta lograr engullirlo por completo. Me quedé unos breves segundos quieta degustándolo pasándome la lengua por los labios para humedecerlos ya que se me habían quedado secos.

Uhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhgggggg. Qué rica polla tienes. Me quema por dentro pero es un calor fabuloso.

Mi esposo me agarró con fuerza por las caderas y empezó a moverse como un animal follándome como un poseso. Yo, por mi parte, me apoyé sobre sus muslos iniciando un movimiento rotatorio sobre aquel eje que tanto placer me estaba ofreciendo. Eché la cabeza hacia atrás degustando la fuerte penetración que mi esposo me estaba dando. Cabalgaba sobre Miguel sin darle un momento de respiro. Me estaba haciendo llegar al clímax con aquella cópula que estábamos llevando a cabo.

Jódeme cabrón, lo estás haciendo muy bien. Si sigues así harás que me corra como una burra. Auuuuuuuuuhhhhhhhhhh. Qué bueno es esto!!!!!!! Me corroooooooooo amor. No te paressssssssssssssssss.

Yo también voy a correrme, cariño. Sigue montándome de esa manera y conseguirás que te llene de leche en pocos segundos. Eres una amazona maravillosa. Me encanta ver cómo botas sobre mí.

Ambos explotamos sin poder soportar por más tiempo aquel dulce suplicio. Caí rendida sobre mi esposo mientras sentía cómo me llenaba con su esperma mis entrañas. Miguel soltó varias descargas en mi interior hasta quedarse rendido debajo mío. En un momento de lucidez y entreabriendo los ojos pude ver detrás de la puerta la imagen de Alberto masturbándose como un desesperado debido al polvo que le habíamos ofrecido. Fijé mi vista en lo que colgaba entre sus piernas y quedé embobada ante lo que ví. Lo que mi joven yerno sujetaba con su mano era una polla mucho más gruesa y larga que la de mi esposo. Le miré a los ojos y le guiñé un ojo mientras pasaba mi lengua por mis labios humedeciéndolos con cara de viciosa. Alberto desapareció en dirección al lavabo supongo que a masturbarse después de la escena vivida. La verdad es que me hubiese gustado salir tras él para follarmelo por completo. Tras aquella experiencia supe que tarde o temprano acabaría acostándome con él. Sabía que ninguno de los dos podríamos aguantar las ganas de hacerlo juntos. Me sentía atraída por mi joven yerno sin sentirme culpable con mi marido y mi hija.

Volviendo al chalé de mi hija os diré que estuve ayudando a Ana a preparar la cena aunque la mayoría de las cosas ya estaban listas cuando llegamos. Nos sentamos a cenar y en pocos minutos devoramos la estupenda cena con la que mi hija nos obsequió. Los cuatro estábamos hambrientos y acabamos con los canapés y los sándwiches en poco rato. Bebimos varios vasos de una estupenda y refrescante sangría que Alberto había preparado.

Tras hacer la entrega de regalos a Alberto, sobre las once de la noche Ana y Alberto propusieron que fuésemos a tomar algo a algun pub que estuviese cerca de casa. Mi hija se vistió con un jersey negro de cuello cisne y un traje pantalón blanco poniéndose unos botines negros para completar el conjunto mientras Alberto se puso una americana sobre la camisa. Cogimos el coche de mi hija y nos dirigimos a una discoteca que conocían. Mi marido y mi hija se dirigieron a la barra a pedir las consumiciones mientras Alberto y yo aprovechábamos para ir al guardarropa. Fuimos a dejar los abrigos y entre el bullicio de la gente noté cómo Alberto se pegaba con todo descaro a mis nalgas haciéndome sentir la incipiente erección que mostraba entre sus piernas. Acercó sus labios a mi oreja y me susurró con voz acariciadora:

Suegra, me está poniendo a cien. Esta noche voy a follarla aunque sea la última cosa que haga en la vida. Desde la otra noche que la vi cabalgando sobre su esposo que no pienso en otra cosa.

Estás loco, le aparté con voz temblorosa. Mi esposo y mi hija pueden vernos. Soy la madre de tu mujer y no está bien lo que haces.

Pese a aquellas palabras no pude resistir la tentación de acariciar la entrepierna de aquel joven y empecé a magrear la estupenda erección que mi apuesto yerno me ofrecía. Alberto se lanzó sobre mí y me dio un fugaz beso en el cuello que me hizo derretir. Me aparté bruscamente de Alberto al ver que Ana y Miguel venían hacia donde nos encontrábamos. Mi marido nos ofreció los cubatas que les habíamos pedido y empezamos a beber mientras nos colocamos en un rincón de la barra sentándonos Ana y yo en dos altos taburetes que amablemente nos consiguieron nuestras respectivas parejas.

A los cinco minutos de estar hablando animadamente los cuatro, Alberto le pidió a mi marido si le permitía bailar conmigo a lo que Miguel no se opuso sacando a bailar a mi hija.

Alberto, debo reconocer que eres un osado. Cómo has podido pedirle a mi marido que te dejara bailar conmigo?

Carlota cariño, no hago otra cosa que pensar en estar contigo. Necesito tenerte entre mis brazos y sentir tu cuerpo junto al mío.

Estuvimos bailando dos canciones salseras y, de repente, cambiaron la música poniendo una canción lenta con lo cual Alberto aprovechó la ocasión que se le presentaba para, ayudado por la bajada de focos que hubo, apretarse contra mí haciéndome sentir su encendida entrepierna contra la mía. Crucé las manos tras su cuello dejándome llevar en los brazos de mi joven yerno. Gracias a la oscuridad de la sala, Alberto hizo que nos mezcláramos con la gente hasta perder de vista a mi hija y a mi marido. Al mismo tiempo aprovechaba para sobarme las nalgas por encima del vestido. Tenía unas manos fuertes y con unos dedos largos que masajeaban mi culo dándome un gran placer. Me llevó hasta un rincón donde no pudiésemos ser vistos por nuestras parejas y deslizó sus ardientes manos bajo mi falda apartándome el tanga con dos de sus dedos. Me estaba derritiendo entre sus brazos, el tiempo se paró de repente y me olvidé por completo de mi hija y de Miguel. Tan solo sentía cómo los dedos de mi yerno se introducían peligrosamente en mi vagina empezando a masturbarme en medio de aquella discoteca.

Alberto cariño, necesito que nos sentemos, por favor. La cabeza me da vueltas.

Mi yerno me llevó como una pluma hasta unos sillones haciéndome sentar y uniendo su boca a la mía empezó a besarme dulcemente. Mezclamos nuestras lenguas con mayor pasión ajenos al resto del mundo. No teníamos mucho tiempo así que Alberto atrapó uno de mis senos por encima del vestido haciéndome gemir. Aquella simple caricia consiguió que mis pezones se endurecieran buscando otra clase de tratamiento. Hubiese preferido que los hubiera mordisqueado con sus dientes. Con mi mano derecha así su verga por encima del pantalón notando cómo aquel falo empezaba a encabritarse con mi suave masaje. Alberto me susurraba palabras de alto voltaje al oído mientras llevaba a cabo mi tarea. Introdujo su mano bajo mi falda dirigiéndola hacia el botón que se escondía en el interior de mi tanga. Con su primer contacto logró hacerme dar un respingo de satisfacción. Extraje su miembro tras bajar dificultosamente la cremallera del pantalón y empecé a mover mi mano con mayor rapidez buscando que se corriese lo antes posible para que mi esposo y mi hija no nos echasen en falta durante tanto tiempo.

Sin embargo, los deseos de Alberto discurrían por otros senderos y me apartó de forma imperativa la mano de su poderoso instrumento haciéndome colocar a horcajadas sobre él.

¿Estás loco? ¿No pensarás hacerlo aquí pudiendo ser descubiertos por mi esposo y mi hija?

¿No te da morbo que nos puedan pillar? Carlota, deseo follarte desde la otra noche que os vi juntos a tu marido y a ti. Tu cuerpo se ha convertido en una obsesión y no pienso parar hasta follarte como un loco. Me dio un morbo fenomenal veros follar en vuestra habitación y no me negarás que te gustó ser observada por mí mientras estabas con tu esposo.

Alberto me miró con cara de vicio y me conminó a que le cabalgase allí mismo. No sé qué me pasó en esos momentos pero, de pronto, deseé con todas mis fuerzas que me follase en medio de aquel local repleto de gente. El sexo de Alberto era el de un hombre hecho y derecho, en la plenitud de sus fuerzas. Era una polla respetable y de sorprendente elegancia, con oscuras venas azuladas e inflamadas y la longitud y grosor de una vara. El glande intensamente rosa parecía casi irritado.

¿Qué quieres, cariño? –le pregunté, acariciándole el vientre moreno y liso, y reí cuando la verga del chico dio un respingo elevándose mientras buscaba un leve respiro.

 

Mi apuesto amante no me respondió con palabras pero los hechos fueron totalmente clarificadores de lo que ambos deseábamos en esos momentos de locura. Agarré con fuerza aquel pequeño monstruo y dirigiéndolo con sabiduría hacia mi vagina me dejé sentar sobre aquella maravillosa palanca ardiente. Gemí fuertemente sin ningún tipo de reparo amparada en el alto volumen de la música de la discoteca. Empecé a cabalgar sobre el duro aparato que Alberto gentilmente me ofrecía y me sentí llena por completo con aquella vara fabulosa. El movimiento rotatorio que adopté logró arrancar suaves suspiros de mi yerno el cual sudaba a mares con aquel polvo que estábamos llevando a cabo. Me sujetó firmemente por las caderas mientras iba subiendo y bajando sobre él exprimiéndole a cada segundo que pasaba. El calor de la discoteca junto a aquel otro del que estábamos gozando hacía que sudáramos sin remedio. De pronto me quedé parada sobre aquel eje y empecé a correrme sin poder aguantar más aquel dulce tormento que me embargaba por completo.

Suspiré con alivio tras aquel salvaje orgasmo que me sobrevino y seguí moviéndome sobre Alberto tratando de lograr que se viniese dentro de mí. Boté y boté encima de aquel joven muchacho buscando su corrida y un nuevo orgasmo para mí aprovechando que aun se mantenía en forma. Llevaríamos unos diez minutos en aquella postura y el cabrón no se corría aun. Así pues me propuse hacerlo explotar y que me diese todo su líquido seminal. Me tumbé sobre su pecho y acercando mi boca a su oreja le dije:

Córrete cariño o nos van a pillar. Hace rato que nos perdimos y nos estarán buscando.

Alberto empezó a follarme con mayor virulencia agarrándome con fuerza las nalgas mientras me taladraba con su apetitosa vara. La potencia de aquel miembro me tenía totalmente hipnotizada, debo reconocer que estaba gozando como nunca. Ambos gemíamos completamente enloquecidos respirando con dificultad aproximándonos al orgasmo que se avecinaba a pasos agigatandos. Noté cómo aquella sabrosa verga palpitaba en mi interior y cómo mi yerno se quedó parado mientras se corría disparando varios chorros de leche la cual fue a parar al fondo de mis entrañas.

Alberto amor, me ha encantado lo que me has hecho. Voy al lavabo a refrescarme y a buscar a Ana y Miguel que estarán preocupados por nuestra tardanza.

Mi joven amante tan solo pudo levantar levemente la cabeza para darme un cariñoso beso de gratitud. Nos levantamos del sofá y nos dirigimos cada uno a su respectivo lavabo a reponer fuerzas tras aquel asalto. Tras cinco minutos de estar refrescándome en el lavabo de la discoteca para recuperar el resuello tras aquel encuentro con mi yerno salí al exterior y me encontré con mi hija la cual me preguntó dónde nos habíamos metido que llevaban diez minutos largos buscándonos por todos lados. Me dijo que nos fuesemos a casa que mi esposo y ella se encontraban mal ya que la bebida se les había subido un poco a la cabeza y deseaban irse a dormir. Al reunirse Alberto con nosotros fuimos a buscar el coche para volver a casa. Mi hija me dijo que nos quedásemos en su casa a dormir pues eran cerca de las tres de la mañana y además Miguel no estaba en condiciones de poder conducir. Tras beberse tres cubatas junto a la sangría de la cena, la verdad es que sólo estaba dispuesto para irse a la cama a dormir un buen rato. Por su parte Ana también se encontraba en un estado similar con los dos vodka con limón que se tomó en la discoteca además de lo consumido durante la cena.

Así pues llegamos al chalé de mi hija y subimos a nuestros respectivos dormitorios. Miguel cayó redondo en la cama quedándose frito al momento; necesitaba dormir para poderse recuperar de la bebida que había tomado. Así pues aproveché para darme una ducha reparadora con el fin de restablecerme de la sesión de sexo de la que había disfrutado con mi joven yerno. Me despojé del vestido de aquella noche, quedándome cubierta tan solo con el sujetador y el tanga y descalza me dirigí hacia el baño.

Me quedé mirándome al espejo, fijándome en mis ojos, mis labios, mi cuello los cuales eran bastante diferentes a los de hacia años, los años juveniles se marchaban como un suspiro, mi cuerpo no poseía el encanto que tantas veces había enloquecido a los hombres al pasar junto a mí, pero la relación con Alberto me demostró que aun podía ser deseable para un macho joven como lo era mi guapo yerno. Me quité con coquetería el tanga que cubría mi dorado tesoro y el sujetador que dejó en libertad mis duros y turgentes senos que se elevaron hacia arriba con rotundidad.

Entré a la ducha y abrí el grifo del agua caliente esperando que la temperatura se fuese suavizando un poco. Llené las manos de champú y comencé a mojarme el cabello, moviendo la cabeza de un lado a otro. Llevé las manos al cabello empezando a enjabonarlo con frenesí; debo reconocer que el suave masajeo de mis dedos entre mi pelo logra hacerme llegar a un placer increíble. Bajé mis manos acariciándome mi sensible cuello, rozándome la cara, los brazos, cerré los ojos empezando a imaginarme abrazada por Alberto en aquellos momentos……..quizá no era tan sugestiva como antes pero seguía sintiéndome plenamente apasionada……..masajeé mis rotundos pechos con gran virulencia; las aureolas grandes y de color marrón empezaron a enderezarse con el tratamiento que les estaba propinando…..sentí que era mi yerno quien dirigía el movimiento acariciador de mis manos. Me sentí totalmente entregada a aquel posesivo joven que tanto me atraía.

No pude resistir más aquel tormentoso masaje e hice descender mis manos para hacer las caricias aun más peligrosas de lo que ya lo eran, masajeé con gran deseo mis muslos, abriendo las piernas sin ningun tipo de freno. Mis pechos se elevaban con el ritmo frenético de mi respiración, las piernas totalmente abiertas deseaban el contacto del agua que caía con fuerza de la ducha yendo a parar al sitio adecuado que me hizo sentir ese impulso entre placentero y doloroso que me hizo volver loca. Empecé a masajear con fuerza mi húmeda vagina respirando con dificultad, jugueteé y jugueteé con mis manos y mis dedos con el botón que tanto placer estaba recibiendo por parte de Alberto, aquel muchacho movía sabiamente sus dedos logrando hacerme arrancar los mayores placeres de lo más profundo de mi interior.

Abrí aun más mis piernas………notando caer el agua con mayor fuerza….las piernas buscaban con desenfreno la humedad del agua, aquel líquido elemento que tan relajada me estaba dejando, gemí con un ritmo más cadencioso….sentí la presencia más y más próxima de Alberto junto a mí abrazándome con un deseo febril…me dejé escurrir entre los poderosos brazos de aquel muchacho que estaba segura que me iba a dar tanto placer. Noté la presencia amenazadora de aquel turgente demonio que tanto me aturdía. Lo noté entrar en mi empapada cueva, avanzando sin pedir permiso posesionándose de aquel campo de batalla en el que en breves instantes iba a entablarse un feroz combate. La rotunda herramienta apretaba y apretaba cada vez con mayor ahínco haciéndome sentir en la gloria, arrancándome auténticos aullidos de goce………me estaba aproximando al mejor de los placeres sin poder resistir por más tiempo aquel dulce tormento. Las velludas manos de mi yerno masajeaban con fuerza mis duras nalgas mientras penetraba cada vez más fuerte haciéndome degustar aquel sabroso manjar que tenía entre mis piernas. Aquel combate estaba a punto de finalizar sin un ganador claro……..en pocos segundos grité con gran virulencia sintiéndome llena por completo notando la explosión de aquel jinete que con tanta rotundidad me hacía suya.

Cerré el grifo y salí de la ducha cubriendo mi sudoroso cuerpo con el blanco albornoz que colgaba en la puerta del baño anudándolo con fuerza. Sequé un poco el húmedo cabello con la toalla cubriéndolo como si fuera un turbante. La imagen de Alberto iba llenando cada vez más mis pensamientos haciéndolos discurrir por caminos de gran intensidad y erotismo. En aquellos momentos estaba dispuesta a entregarme nuevamente a él. La follada de la discoteca no había acabado con aquel deseo que me dominaba sin poderlo controlar ni un solo segundo.

Bajé a la cocina a tomarme un refresco, necesitaba tomar algo bien frío. Abrí el frigorífico y cogí la botella de zumo de naranja llenando el vaso hasta arriba. Me lo bebí de un solo trago, la verdad es que estaba sedienta y no tan solo de zumo de naranja. Oí pasos detrás de mí y ,de pronto, me sentí fuertemente atrapada entre los brazos de aquel macho que nuevamente me buscaba con cara de deseo. Deslizó su húmeda lengua por mi cuello haciéndome sentir nuevamente cachonda gracias a las caricias que Alberto me prodigaba. Al mismo tiempo agarró con fuerza mis pechos por encima del albornoz masajeándolos con suavidad. Lancé mi cabeza hacia atrás dejándola caer sobre su hombro mientras me volvía a sentir dominada por las caricias que Alberto tan hábilmente me hacía.

¿No tuviste bastante con lo de la discoteca que vuelves a buscarme otra vez? Eres auténticamente insaciable. Eso me gusta. ¿Es que no tienes escrúpulos? Mi marido y mi hija están en la misma casa a pocos metros de nosotros.

Tranquila que duermen a pierna suelta. Han bebido mucho y lo que necesitan es dormir hasta mañana así que tenemos un buen rato para poder volver a gozar de nuestros cuerpos.

Aquella situación de estar en casa de mi hija retozando con mi joven amante mientras mi hija y mi esposo se encontraban durmiendo en el dormitorio ajenos a lo que ocurría en esos momentos me produjo un morbo fenomenal. Alberto se apretó con fuerza sobre mis nalgas machacándome con verdadero furor con su estupendo amigo. El cabrón se encontraba totalmente desnudo en la cocina de su casa sin temor a poder ser descubierto. Había dejado esparcidas por el suelo de la cocina sus pocas ropas mostrándose completamente desnudo.

Eres malo, no tienes consideración conmigo.

No digas eso, sabes que te mueres de ganas de estar entre mis brazos.

Soy una mujer decente y casada que no debería dejarme engatusar por un Don Juan como tú. Te odio.

Me odias pero me deseas con toda tu alma. Deseas que te haga mía y que te entregue mi placer hasta llenarte por completo tu excitado cuerpo. La tentación que te embarga es demasiado fuerte como para dejar pasar la oportunidad. Tal vez no tengamos otra posibilidad de estar juntos y la verdad es que no pienso desaprovecharla. Quiero disfrutar del mejor regalo de cumpleaños que puedes ofrecerme………..

Mientras decía estas palabras, Alberto seguía golpeándome con fuerza con su dura herramienta por encima de la tela que cubría mis ansiosas posaderas. No pude resistir más aquel tormento y comencé a rotar con parsimonia mi ardiente trasero sobre aquel molesto invasor. Noté cómo aquel miembro comenzaba a crecer sin parar entre las piernas de mi yerno. Humedecí mis labios sintiendo la presión que ejercía sobre mi delicado pompis. Alberto me soltó el cinturón que sostenía el albornoz el cual cayó a mis pies.

Me volví hacia él y mirándole fijamente a los ojos le dije con las palabras más sensuales que puede encontrar en aquellos momentos de aturdimiento:

Te vas a enterar maldito cabrón. Voy a hacerte sufrir como tu haces conmigo.

Eso estoy esperando hace ya rato –me dijo sonriéndome con mirada desafiante.

Caí rendida entre sus piernas acuclillándome ante aquel poderoso mástil que me apuntaba con desesperación. Me quedé observándolo detenidamente unos segundos; en la discoteca no había disfrutado de aquella imagen torturante y que tanto me atraía. Debo reconocer que la naturaleza había dotado muy bien a aquel joven. Aquella golosina mediría cerca de veinte centímetros y se curvaba hacia arriba apuntando al techo. Buscaba desesperadamente alguien que la acogiese y le diese calor.

Alberto separó las piernas mostrando orgulloso aquel colgajo que tanto me inquietaba. Tomó mi cabeza por la nuca y me empujó hacia su verga mientras me decía :

Carlota querida, cométela de una vez. No puedo aguantar más las ganas de que me la chupes. Menudo morbo me da el estar follándote en mi casa. Joder, es tan bueno!!!!

Acerqué con temor mi mano a su endurecida entrepierna. Aquello era más grande que cualquier otro miembro con el que me hubiese enfrentado hasta entonces. Al menos sería cuatro centímetros más largo que el de Miguel y, por supuesto, mucho más grueso. Al contactar mi mano con su inmensa erección me sentí conmovida, su pene era fuerte, rígido y potente. Al acariciarsela con deleite, algunas gotas de sus jugos amorosos comenzaron a fluir cubriendo el glande. Aquello me excitó y comencé a masturbarle sin más demora.

Mientras le pajeaba su espléndido ariete a un ritmo acompasado, Alberto me animaba con palabras soeces a que se lo hiciera con mayor fuerza y rapidez. Mi mano sostenía firmemente su robusto pene como si no quisiera de ningun modo dejarlo escapar. Le masturbé con desesperación moviendo mi mano sin cesar sobre aquel tronco que tanto me gustaba. Aquel torpedo era liso, suave y remarcaba las oscuras venas palpitando gracias a las caricias que le prodigaba. Aquel músculo bombeaba sangre sin parar un instante. Lo apreté aun más fuerte y sentí su dureza; no pude aguantar las ganas de apretárselo y masajearlo con fruición.

Alberto emitió un intenso suspiro que por supuesto no era indicador de dolor sino de un gran placer que le recorría todo el cuerpo. Se lo tenía firmemente agarrado, atrapándolo con dificultad con mi mano debido al tamaño y al grosor de aquel increíble animal. Subía y bajaba la mano recorriendo el grueso tronco cada vez de un modo más y más frenético.

Acerqué temerosa y dubitativamente mi golosa boca a su polla. Al entrar en contacto mis labios con su pene sentí perder el control por completo, excitándome muchísimo mientras comenzaba a chuparselo con absoluta dedicación.

Continué mamándoselo con todas mis ganas, Alberto me pidió que se lo hiciera más rápido y que no me detuviese un instante. Seguí sus instrucciones al pie de la letra y al instante noté como sus rodillas perdían fuerza estremeciéndose mientras su cuerpo se quedaba completamente rígido. Entre convulsiones y ahogados gemidos, su voluminosa y oronda herramienta se hinchó adquiriendo mayor volumen indicando la cercanía de la irrefrenable eyaculación. Sentí que su verga comenzó a convulsionarse y al instante noté una cremosa humedad en mi juguetona lengua y segundos después una espesa catarata de caliente líquido se derramó con fuerza en mi jugosa boca. Traté con desesperación de controlarla dentro de mi boca. Saqué el pene del interior de la boca cerrando con fuerza los ojos y algunos goterones de semen llenaron mi cara mientras le seguía masturbando con mi mano.

Al terminar de tragar los espesos restos seminales que habían llenado mi boca, con mi lengua acaricié el humedecido miembro que incluso después de eyacular se mantenía enhiesto y triunfante. Alberto me sonreía con mirada de agradecimiento, al tiempo que me dedicaba a limpiar con suavidad los restos de esperma que cubrían mi cara, la barbilla y el pecho.

Tras cinco minutos de descanso miré a Alberto con cara de profundo deseo y desafiándole le dije:

Ahora quiero que me folles como una loca. ¿Crees que podrás recuperarte, cariño?

Alberto volvió a ofrecerme su fláccido instrumento sobre el cual me dispuse a masturbarlo con el fin de conseguir que se enderezase nuevamente para que me entregase su masculinidad una vez más en aquella inolvidable noche. Transcurridos otros cinco minutos de estar chupandole la polla sin darme un solo segundo de descanso, logré finalmente hacer crecer nuevamente aquel fantástico músculo el cual volvía a tomar aquel aspecto amenazador que tanto me hipnotizaba.

Mi yerno me colocó de espaldas a él apoyando mis manos en el mármol de la cocina con las piernas bien abiertas. Se situó entre mis piernas y abriendo la boca empezó a comerme la vagina lentamente consiguiendo arrancarme los primeros gemidos de satisfacción.

Así mi amor, lo haces muy bien, qué placer me das. Dios, es fenomenal!!!!!!! Sigue así, no paressssssss.

De la vagina pasó al ano humedeciendolo hasta hacerme disfrutar como una yegua en celo. Me estaba volviendo absolutamente loca con aquella profunda caricia. El ano es una de las zonas más sensibles que poseo y el cabrón de mi yerno me estaba haciendo sentir en la gloria con la comida de ano que me estaba dando.

¿Qué estas tratando de hacerme? ¿No estarás pensando en follarme mi estrecho culito? No serás capaz de semejante felonía. Tu polla es demasiado grande para que lo pueda acoger en mi estrecho agujero. Me destrozarás por dentro, maldito cabrón.

Pese a aquellas palabras me sentía completamente preparada para poder ser sodomizada por el amante que me había tocado en suerte aquella noche. Me sentía temerosa ante la enculada que me iba a ofrecer Alberto pero, al mismo tiempo, deseaba entregarle mi más preciado tesoro. Aquel cabrón me había hecho sentir tan bien que se merecía que le diese mi entrada posterior. Solo le quedaba por probar las mieles de mi oscuro esfínter pues había gozado de mi húmeda vagina y de mi hambrienta boca.

Alberto me impulsó de forma imperativa hacia el mármol poniéndome con el culo en pompa a la espera del duro sacrificio que se me venía encima. Empezó a golpear mi entrada posterior con la punta de su polla haciendome ver las estrellas con aquella caricia. Estuvo jugando con la entrada de mi ojete sin darme aun su palpitante verga. Deseaba hacerme sufrir con aquel duro golpeteo sobre mi ano. Alargó su dedo corazón hacia mi empapada vulva introduciendolo lentamente. Aquella penetración me dejó sin respiración, me encontraba demasiado inmersa en lo que Alberto me estaba haciendo en mi culito que descuidé la defensa de mi ardiente vagina.

Fóllame hijo de puta, no lo soporto más. Traspásame con tu enorme polla. No te preocupes aunque me duela. Me encanta que me enculen. Es una de mis posturas favoritas. Sé que sabrás hacerlo muy bien.

Alberto aprovechó para horadar mi estrecho agujero anal con uno de sus dedos. Lo introdujo con extrema lentitud haciendome gozarlo por completo. Aquel muchacho sabía lo que se traía entre manos. Por lo visto no tenía ninguna prisa por follarme el culo. Estaba tratando de hacerme llegar a un estado en el cual cuando llegase el momento tan deseado me entregase a él con auténtico desenfreno. Se estuvo entreteniendo diez largos minutos masturbandome por delante y por detrás arrancandome varios orgasmos. Debo reconocer que perdí la cuenta de los orgasmos que tuve.

Finalmente se situó detrás de mí apuntandome amenazadoramente con su poderosa flecha. Se puso de puntillas para llegar a la altura exacta y empezó a apretar con lentitud pero sin descanso abriendo mi esfínter poco a poco. No pude más que contener la respiración unos breves instantes sintiendo la presión que ejercía la cabeza hinchada de aquel pequeño monstruo. Apretó y apretó con fuerza hasta lograr introducir la cabeza de aquel explorador en el interior de aquella cueva que lo acogía.

Sigue así, no te pares, por favor. Me estás matando de placer. Me encanta tu polla, es fenomenal. Lo estás haciendo de maravilla. Ummmm.

Mientras pronunciaba aquellas ardientes palabras, Alberto me agarró con fuerza de las caderas y apretó furiosamente taladrándome sin compasión hasta llegar al fondo de mi torturado ano. Me quedé sin respiración poniendo los ojos totalmente en blanco mientras trataba de acomodarme a aquel brutal invasor que me penetraba sin descanso.

Aaahhhhhhhhhhhhh. Me haces daño cabrón. Menuda tranca que te gastas. No me extraña que mi hija esté tan enamorada de ti. Si fuese yo no te dejaba escapar ni loca. Me quemas por dentro. Fóllame Alberto, fóllaaaaaaaaaaame. Así, muy bieeeeeeeen.

Relájate Carlota, que ya te metí toda mi polla dentro de ti. Enseguida gozaremos hasta reventar. Estás hecha toda una gatita. Menuda sorpresa me he llevado contigo. Es el mejor cumpleaños del que he disfrutado. Muévete querida, que pienso llenarte todo tu culo con mi leche.

Alberto me agarró con fuerza del cabello haciendome llevar la cabeza hacia atrás mientras soltaba el moño dejándome el cabello suelto. Empujaba y empujaba sin aparente esfuerzo arrancándome grandes alaridos de placer y dolor. Aquella presencia era demasiado para mí. La anterior corrida hacia que aquel joven jinete aguantase sin correrse follándome sin parar. Me corrí varias veces encadenando un orgasmo detrás de otro.

Aagggggghhhhhhhhhh, es fantástico. ¿Es que no te vas a correr nunca? Aprieta fuerte que me voy a correr otra vez. Dioooooooooooooooooooos, qué bueno es esto.

Empecé a rotar mi trasero sobre aquel eje que me traspasaba permanentemente dejándome sin aliento. Nos movíamos a un ritmo acompasado notando en mi interior como entraba y salía de mis entrañas adoptando un movimiento cada vez mayor haciendome degustar aquella serpiente poderosa que tanto placer me daba. Me golpeaba con fuerza las nalgas mientras me daba pequeños cachetes haciendome enrojecer la piel. Sus cargados colgantes se apretaban con fuerza contra mí golpeandome sin descanso mi hambriento pompis. Alberto acercó sus labios a mi oído haciendome notar su dificultosa respiración mientras me follaba sin descanso.

Carlota, no aguanto más. Voy a llenarte de leche tu estrecho culito. Me ha encantado follartelo; tienes un culito muy apetitoso que me gustaría volver a follar en alguna otra ocasión. Me corroooooo. Tómalo todo. Aaaaaaaaghhhhhhhhhhhhhhh.

Noté los últimos espasmos de aquel fenomenal macho como llenaban mis entrañas expulsando tres potentes chorreones de semen que me quemaron por dentro logrando hacerme correr una vez más. Alberto apretó sin descanso dándome todo aquel néctar que escapaba a borbotones de aquellos duros testículos que tanto tormento me ofrecían. Finalmente cayó derrengado sobre mi espalda tratando de recuperar el aliento perdido en aquel polvo enloquecedor. Logré desasirme de su cuerpo notando escurrirse su débil plátano fuera de mi vagina.

Cogí el albornoz tirado en el suelo y me cubrí con el mientras recuperaba el resuello con dificultad tras aquella maratoniana sesión de sexo de la que había disfrutado con mi joven amante. Nos dirigimos cada uno a su respectivo dormitorio durmiendonos a los pocos segundos tras haber gozado de aquel modo fabuloso.

Estando tumbada junto a Miguel, sólo pensaba en el próximo encuentro junto a mi poderoso yerno. Sabía que no tardaría mucho tiempo en volver a entregarme a aquel muchacho. No sabía como acabaría aquello pero no estaba dispuesta a pasar sin él. Me iba a meter en un juego peligroso pero en el que podría gozar como nunca.

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